Información

Un proceso es una secuencia de pasos dispuesta con algún tipo de lógica que se enfoca en lograr algún resultado específico. Los procesos son mecanismos de comportamiento que diseñan los hombres para mejorar la productividad de algo, para establecer un orden o eliminar algún tipo de problema. El concepto puede emplearse en una amplia variedad de contextos, como por ejemplo en el ámbito jurídico, en el de la informática, en el de la empresa o en la intervención psicológica. Es importante en este sentido hacer hincapié que los procesos son ante todo una suma de procedimientos diseñados para servicio del hombre en alguna medida, como una forma determinada de accionar.

Desde el punto de vista de una persona, un proceso da cuenta de una serie de acciones que se toman en el aspecto cotidiano para que la eficiencia sea mayor para lograr el objetivo. Este enfoque se presenta como una forma sistemática y científica de aproximación y representación de la realidad vista desde una perspectiva holística e integradora, donde lo importante son las relaciones y los componentes que a partir de ellas emergen.

La diferencia entre proceso y procedimiento radica en que los procesos son generados por la voluntad de logro de una finalidad y los procedimientos son pasos claros y objetivos que se deben seguir para completar una tarea.

Un proceso puede seguir uno o varios procedimientos; por ejemplo, si quiero adelgazar tengo que empezar el proceso de bajar de peso siguiendo unos procedimientos indicados por un nutricionista. El procedimiento será objetivo como la cantidad de comida ingerida durante el día, la cantidad de ejercicio por semana, etc. El proceso de adelgazar suele ser lento pero efectivo si hay constancia en los procedimientos.

Los procesos son dinámicos y gestionados según una finalidad, los procedimientos son una secuencia de pasos fijos. Un proceso puede ser gestionado por diversas personas con diferentes objetivos, un procedimiento detalla y especifica cómo proceder para la ejecución de cualquier tarea concreta.

Reflexión

Una querida y muy apreciada clienta se dirige a mí como “mi querido horticultor” desde el día que, como a muchos otros de mis clientes dubitativos o acelerados respecto a su proceso de trabajo conmigo, le conté la fábula del horticultor y sus aprendizajes. ¡Noooo, tranquilo no te voy a contar la fábula completa! Pero si te haré un resumen:

Una persona, cualquiera de nosotros, puede tener la voluntad de iniciar y mantener un huerto por diversos motivos y objetivos (¿por qué? y ¿para qué?…pero esa es otra historia); es decir, María quiere realizar una tarea física que la aleje del estrés laboral, José quiere replicar y recordar su experiencia infantil en el huerto de su padre, Ana quiere aprovechar un terreno familiar abandonado hace años para obtener una producción que complemente su economía, Antonio quiere proponer a su hija una actividad compartida y educativa… Todos ellos deciden iniciar un proceso, por diferentes motivos y objetivos.

Pero, todos ellos, si quieren satisfacer su propio motivo o lograr su particular objetivo, tienen que implantar y gestionar los mismos procedimientos: Remover y limpiar la tierra, abonar con estiercol, plantar las semillas, regar, insectizar, quitar las malas hierbas, regular el crecimiento, recoger los frutos, etc, etc. Y todo ello con una secuencia adecuada y en los tiempos oportunos, con esfuerzo y dedicación, respetando los procedimientos y teniendo en cuenta el proceso.

Acción

Te propongo que decidas qué proceso quieres iniciar (¿Mejorar las relaciones con tu familia? ¿Potenciar tu actividad laboral? ¿Resolver algunos temas en tu relación de pareja? ¿Desarrollar tu autoestima? ¿Adquirir habilidades relacionales?, etc.) y posteriormente definas los procedimientos, los “cómos”, que automáticamente vas a poner en marcha como normas necesarias para lograr que el proceso sea un éxito. ¿Te atreves?

 

¿Puedes? ¡Ponte a ello! ¡No puedes? ¡Te ayudo!