Pigmalión y Galatea

 

Conocer los sesgos cognitivos, saber que nuestro cerebro, por la forma en que ha evolucionado, acudirá a ellos para hacer juicios que pueden ser profundamente irracionales, no es sólo un área de estudio de la psicología. Ser conocedores de estos auto engaños nos sirve para realizar un esfuerzo consciente para ser más racionales en ciertos casos y compensar los sesgos cognitivos que podemos tener.

 

Un sesgo cognitivo es un resorte mental que produce una desviación en nuestro proceso intelectual, también emocional, que nos lleva a una distorsión de la realidad, a un juicio inexacto, a una interpretación ilógica o lo que se llama, en términos generales, irracionalidad consentida o admitida que se da como una trampa en la interpretación de la realidad, aunque las conclusiones no sean lógicas o coherentes según la información objetiva disponible.

 

El primer paso para dejar de ser irracional es darnos cuenta de que somos, muchas veces, profundamente irracionales, como lo demuestran nuestros sesgos cognitivos.

 

Los sesgos cognitivos se denominan también sesgos atribucionales y afectan a nuestras relaciones sociales de cada día, también están presentes en nuestra regulación emocional y en la toma de decisiones.

 

La existencia de sesgos cognitivos parece ser un rasgo adaptativo, surgido durante la evolución humana, que ayuda a tomar decisiones rápidas ante ciertos estímulos potencialmente peligrosos y en situaciones en las que una respuesta inmediata puede ser más valiosa para la supervivencia que un análisis detallado.

 

EL SESGO DE LA PROFECÍA AUTOCUMPLIDA

 

Es un sesgo en la percepción de los acontecimientos futuros, a través del cual anticipamos hechos y sus consecuencias antes de que ocurran y lo hacemos con una seguridad aplastante, tan aplastante que condiciona actitudes y conductas propias o del otro y si pensamos, o alguien piensa, que una primera cita amorosa o una entrevista de trabajo saldrá mal, pues va y sale mal porque nuestra actitud y nuestra conducta han hecho que salga mal y entonces nuestra profecía, o la profecía del otro, se cumple y eso impulsa que ambos sigamos haciendo más profecías.

 

El problema viene cuando hacemos una anticipación o predicción de los acontecimientos sin tener ninguna base lógica o realista para llegar a esa conclusión y eso afecta a mi propia conducta y/o a la conducta de los otros.

 

La psicología cognitiva estudia este efecto, así como otras estrategias y estructuras que utilizamos para procesar la información, habiendo identificado una gran cantidad de sesgos cognitivos; con frecuencia relacionados entre sí, aunque ligeramente diferentes en causas y consecuencias.

 

¿Te atreves a conocer a Pigmalión y a Galatea?

 

Efecto Pigmalión

 

Pigmalión

 

Se utiliza para referirse al fenómeno por el cual las expectativas y las creencias que poseemos sobre una persona influyen directamente en las conductas, en el rendimiento y en los resultados de esa persona; bien sea de manera positiva o negativa, produciendo un alto rendimiento o, por el contrario, afectando de manera negativa al rendimiento del otro.

 

En la actualidad y desde la neurociencia sabemos que cuando alguien confía en nosotros y nos transmite esa confianza, nuestro sistema límbico acelera la velocidad de nuestro pensamiento, incrementa nuestra lucidez, nuestra energía y en consecuencia nuestra atención, eficacia y eficiencia.

 

Si alguien que tenemos cerca nos motiva, nos anima, nos valora, y nos trasmite que sí podemos conseguir ciertas metas, hará que generemos en nosotros mismos creencias potenciadoras; esto es, creencias positivas acerca de nosotros que nos ayudarán y nos impulsarán a alcanzar esas metas de verdad y que mejoran y potencian nuestro rendimiento final.

 

Si alguien que tenemos cerca no confía en nosotros, ni en nuestras habilidades o capacidades, hará que se formen creencias limitantes e incapacitantes que afecten de manera negativa en nuestra autoestima y por lo tanto en nuestra capacidad para poder alcanzar y conseguir lo deseado.

 

En definitiva, mis expectativas y creencias sobre una persona condicionan las actitudes y conductas de esa persona y las expectativas y creencias de una persona sobre mí condicionan mis actitudes y conductas. ¡Así podemos entrar y permanecer en un diabólico bucle cognitivo y relacional que se retroalimenta a sí mismo!

 

Efecto Galatea

 

Galatea

 

Se utiliza para referirse al fenómeno cuando las expectativas, ya sean altas o bajas, proceden del propio individuo hacia sí mismo.

 

El efecto Galatea tiene que ver con las convicciones que tenemos sobre nuestro propio éxito o fracaso. Cuanto más convencidos estamos de ser capaces de hacer algo, mayor es la probabilidad de lograrlo; cuanto más convencidos estamos de no ser capaces de hacer ese mismo algo, mayor es la probabilidad de no lograrlo.

 

La autoestima se trata, básicamente, de la opinión que tenemos de nosotros mismos, de una apreciación subjetiva acerca de nuestra valía.

 

Por tanto, entendemos autoestima como el concepto que tenemos de nuestro propio valor, basado en los sentimientos, pensamientos, sensaciones y experiencias que tenemos en relación con nosotros mismos.

 

Cuando una persona tiene la autoestima baja no se quiere, no se acepta y no valora sus cualidades que muchas veces no será capaz ni de verlas. Probablemente deje de acudir a encuentros sociales, deje de probar cosas nuevas y de enfrentarse a retos por miedo a no conseguirlos ya que seguramente crea que no será capaz de lograrlos y le falte seguridad en su día a día.

 

Las personas que tienen una autoestima alta son personas seguras de sí mismas que tienen la capacidad de vivir y disfrutar de su vida de una forma sana y equilibrada, manteniendo una actitud positiva ante los desafíos y lo distintos retos que se les presentan.

 

En definitiva, te conviene trabajar la Escalera de la Autoestima (autoconocimiento, autoconcepto, autoevaluación, autoaceptación y autorrespeto) para que Galatea no te gane la partida ¿No crees?

 

Antonio Fuentes

 

En próximas entregas seguiremos hablando de otros sesgos cognitivos que manipulan tu percepción de la realidad y condicionan tus actitudes y conductas: confirmación selectiva, efecto halo, estereotipos y prejuicios, ilusión de control, heurística de disponibilidad, etc, etc, etc.