En el ejercicio de mi actividad profesional, como psicoterapeuta ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso) o trainer en habilidades relacionales, aprendo continuamente de mis clientes y, sobre todo, cuando me plantean estados de ánimo o emociones que les impide o dificulta “tomar acción” según estaba previsto en sus procesos de desarrollo.

Recientemente, varios clientes me han dicho durante la sesión y al respecto de sus compromisos de mejora: “Antonio, no puedo, no puedo; estoy bloqueado, no sé qué me pasa pero no puedo ¿Qué hago?”

Durante la sesión hemos trabajado dicho bloqueo y hemos conseguido identificar la causa cognitiva o emocional a través de las herramientas de la TDC (Terapia Dialéctico Conductual) y cada cliente ha verbalizado diferentes estados emocionales y conductas diferentes aunque similares: “Estoy apático”, “Soy un perezoso”, “Tengo tristeza”

Y esa es la clave (¿estoy, soy, tengo? ¿estar, ser, tener?) que me lleva a reflexionar al respecto con la intención de aportar foco y claridad y permita a otros M.I.R.A.R. (Mentalización, Información, Reflexión, Acción, Resultados) para su propio proceso de desarrollo.

Apatía

Definición de Apatía - Qué es y Concepto

¿Qué es la apatía?

Estado de desinterés y falta de motivación o entusiasmo en que se encuentra una persona y que comporta indiferencia ante cualquier estímulo externo.

Es un término psicológico para un estado de indiferencia, en el que un individuo no responde a aspectos de la vida emocional, social o física.

Uno de los síntomas más claros de la apatía es la falta de interés por una o varias cosas, o por todo en general. La persona apática también sufrirá una disminución de la productividad en sus actividades diarias, pérdida de iniciativa, de motivación, no tendrá interés en tener nuevas experiencias, aprender nuevas cosas y en relacionarse con otras personas.

Como diagnóstico clínico, la «apatía» no indica pereza; pero en el uso común del término la correlación es bastante directa.

¿Qué causa la apatía?

Ansiedad, estrés y vivencias negativas o traumáticas. El desgaste causado por la vivencia continuada de un estado de tensión puede generar la presencia de apatía, sea ésta vinculada o bien a un aspecto concreto de la realidad o bien a nivel general.

La apatía también puede desencadenarse al no tener refuerzos positivos suficientes para sentirnos motivados para seguir. Actitudes pesimistas sobre nosotros mismos, de nuestro futuro y del mundo contribuye a desgastar el estado de ánimo y puede originarse apatía.

¿Cómo dejar de estar apático?

Transformar hábitos:

  • Plantéate tus metas a largo plazo.
  • Asume la necesidad de cambios radicales.
  • Piensa en lo que te gusta hacer.
  • Retoma tus contactos.
  • Busca también nuevos amigos.
  • Revisa tus expectativas.
  • Si es necesario, busca ayuda.

Eliminar la apatía:

  • Céntrate en la vida fuera de casa. Tanto el ocio en compañía como en solitario nos ayudan a movernos de la zona cómoda y ganar en bienestar.
  • Inspírate. Haz deporte. Sé creativo. Cuestiónate.
Términos similares:

Asadura, calma, flema, impasibilidad, indiferencia, pachorra, cachaza, inercia, incuria, indolencia, dejadez, desidia, abandono, abulia, desinterés, desánimo, desgana, desaliento.

Pereza

Los 4 tipos de pereza y cómo vencerlos - La Mente es Maravillosa

¿Qué es la pereza?

Negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados. Flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos.

De origen latino, la palabra pereza procede de ‘pigrit’ que significa flojo, con el sufijo “itia”, que expresa cualidad (pigritia). Junto a la lujuria, ira, avaricia, soberbia, envidia y gula, la pereza es considerada por la moral cristiana como uno de los siete pecados capitales, es decir, como fuente de otros muchos vicios y pecados. Sin embargo, todos en más de una ocasión hemos sucumbido a ella irremediablemente.

La pereza se define como falta de ganas de trabajar o de hacer cosas y debilidad o lentitud en el movimiento. Una falta de disposición a la hora de realizar determinadas tareas o actividades que suele ir ligada a la falta de motivación, a la poca claridad en los objetivos o a la inexistencia de resultados. De ahí que las tareas rutinarias, las que requieren gran esfuerzo o aquellas que se programan a largo plazo sean algunas de las que más pereza provocan.

Sin embargo, y a pesar de su mala fama, la pereza esconde aspectos positivos poco conocidos para el gran público.

¿Qué causa la pereza?

La pereza parece estar relacionada con la falta de actividad de ciertos genes que guardan relación con la fuerza muscular y con el control del complejo enzimático. En los estudios realizados sobre la pereza, parece que holgazanear y tener largos descansos optimiza la hormona del crecimiento, especialmente durante la adolescencia.

Pero más allá de esa etapa concreta, los perezosos acostumbran a ser altamente eficientes ya que al no querer realizar trabajos difíciles suelen encontrar modos más rápidos y eficaces de concluir dichas tareas.

En diversos estudios también se ha relacionado la pereza con la inteligencia y con la creatividad ya que las personas de más coeficiente intelectual pueden pasar más tiempo divagando sin preocupaciones, lo que favorece la creatividad. En definitiva, un largo descanso puede ayudar a refrescar las ideas a la vez que disminuye el estrés, favoreciendo la capacidad de retención.

Razones de la pereza

  • Falta de motivación
  • Sentimiento de incapacidad
  • Conflicto entre lo urgente y lo importante
¿Cómo dejar de ser perezoso?

Sin embargo, hay que reconocer que la pereza también puede ser un gran impedimento para conseguir tus objetivos, por lo que lo ideal es mantener el equilibrio sabiendo dejarla a un lado siempre que sea necesario.

Claves para superar la pereza

  • Objetivos: Mantente alineado con tus objetivos. No los pierdas de vista.
  • Póntelo fácil: Si algo te cuesta trabajo, déjalo todo preparado con anterioridad para que te resulte más fácil comenzar.
  • No pienses: Si le das vueltas seguro que encuentras un millón de excusas perfectas.
  • Descansa: Es importante tener energía suficiente para acometer esa tarea que tanta pereza te da.
  • Vida saludable: Una dieta saludable y la práctica de ejercicio favorecen la buena disposición y la energía.
  • Círculo virtuoso: Anota las pequeñas victorias, reconoce tus logros y agradece tu esfuerzo.
Términos similares:

desgana, desidia, galbana, vagancia, vaguería, gandulería, holgazanería, negligencia, dejadez, apatía.

Tristeza

¿Qué es la tristeza?

Sentimiento de dolor anímico producido por un suceso desfavorable que suele manifestarse con un estado de ánimo pesimista, la insatisfacción y la tendencia al llanto.

Tristeza es un estado anímico que ocurre por un acontecimiento desfavorable que suele manifestarse con signos exteriores como el llanto, pesimismo, melancolía, falta de ánimo, baja autoestima, y en otros estados de insatisfacción.

La tristeza es un sentimiento frecuente que se puede presentar en diferentes grados de intensidad, desde la tristeza pasajera que finaliza cuando la causa que la ocasionó desaparece por lo que puede durar minutos u horas, o la tristeza profunda o intensa que puede persistir por varios días o semanas, puede ser tomada como una señal de un problema más complejo como la depresión, caso que amerita una ayuda profesional.

La tristeza es un sentimiento negativo causado por sucesos no placenteros y pasajeros que ocasionan melancolía y/o sufrimiento. No obstante, los especialistas indican que la tristeza es el proceso psicológico que permite superar los fracasos, pérdidas, desilusiones. Luego de superarla, el individuo adapta su vida en el nuevo cambio que sufrió su vida debido a un acontecimiento dolorido, por lo que empieza aceptar la realidad que causa dolor y daño.

¿Qué causa la tristeza?

Existen diferentes motivos que desencadenan sentimientos de tristeza; como una desilusión amorosa, pérdida de un empleo, muerte de un amigo, familiar o mascota, enfermedad, nostalgia, insatisfacción personal, y otras situaciones que sean consideradas de modo negativo por el individuo.

En este sentido, la tristeza, supone una fijación constante y prolongada de pensamientos pesimistas y tristes, sensación de inferioridad en relación a los demás, pérdidas de interés en la labor profesional, doméstica y afectiva.

Finalmente, la tristeza se relaciona con algún acontecimiento que afecta el individuo, por lo que esta suele pasar al finalizar el mismo. Sin embargo, es importante tomar en cuenta que la tristeza se puede convertir en depresión por lo que es importante tomar en consideración el tiempo y la frecuencia que el individuo ha padecido con dicho sentimiento.

¿Cómo dejar de tener tristeza?

Es importante aceptar la tristeza, buscar y emplear soluciones ante las situaciones que generan la tristeza, es también esencial buscar consuelo en otras personas que puedan comprender y ayudar, como también realizar actividades agradables que ayuden a equilibrar el sistema emocional. Por ejemplo: existe una relación entre tristeza y soledad, si el ser humano tiene la necesidad de convivir con su prójimo debe entonces buscar la manera de relacionarse y crear un grupo de amigos que se sienta querida y aceptada por el mismo.

¿Cómo gestionar el sentimiento de tristeza?

  • Identificar la emoción.
  • Identificar el motivo de la emoción.
  • Establecer cada evento cuando ocurre.
  • Determinar el grado de tolerancia.
  • Entender la tristeza como algo pasajero.
  • Ver la tristeza como agente de cambio.
  • Encontrar el antídoto a tu tristeza.
  • Asistir a terapia.

La mala gestión de la tristeza

  • Cuando bloqueamos la tristeza.
  • Cuando sentimos tristeza y nos aislamos.
  • Cuando la tapamos con otra emoción.
  • Cuando la convertimos en resentimiento o auto reproche

¿Cómo abordar y gestionar la tristeza de una forma adecuada?

  • Familiarizarme con ella, saber de qué manera siento tristeza, cómo la siento en el cuerpo, etc.
  • Cuando aparezca; habitarla, respirarla y sentirla.
  • Darme espacios donde poder expresarla y no bloquearla con, por ejemplo, el hacer compulsivo o tapándola con el enfado.
  • Dejarse acompañar en ella. No aislarnos o hermetizarnos cuando sintamos tristeza y dejarnos acompañar por personas de confianza. Eso nos permitirá transitarla y no fijarla.
  • Saber que es una emoción que pasará. No tener miedo a sentirla y ver como si la dejo ser; llega, toma su espacio, y luego se va para dar espacio a otra cosa.
Términos similares:

Pesadumbre, pena, disgusto, sufrimiento, mal, dolor, pesar, resentimiento, sinsabor, amargura, sentimiento, desconsuelo, duelo, luto, condolencia, manifestación, pésame.

Mensaje y/o Propuesta de Acción.

Confiar en la sabiduría y el aprendizaje que nos trae la apatía, la pereza o la tristeza.

Las emociones, en muchas ocasiones, nos traen aprendizaje y nos reorienta hacia lo que verdaderamente es importante para nosotros. Vienen para darnos un mensaje de aquello que necesitamos expresar, de lo que necesitamos atender y entender, nos avisan de aquello que nos daña, etc.

La emoción no hay que combatirla. Creemos que si la sentimos caeremos en un pozo del que no podremos salir. Lo que no sabemos es que respirar y dejar que la emoción sea y exista es lo que nos permite traspasarla e ir hacia lo siguiente.

Cada persona tiene su propia historia y su propia relación con su emoción y su forma de gestionarla.

El trabajo terapéutico y el autoconocimiento nos encamina hacia el descubrimiento de uno mismo, de manera que podamos ver cómo funcionamos, cuáles son nuestras heridas, de qué dinámicas hacemos uso y cómo podemos hacer para ir dándole un lugar sano y una buena gestión a nuestras sensaciones; sean éstas de apatía, pereza o tristeza.

 

¿Puedes? ¡Ponte a Ello!

¿No Puedes? ¡Te Ayudo!